El autocontrol y la consulta regular al médico son factores fundamentales para llevar adelante el tratamiento de la diabetes. Pero un factor esencial que colabora para lograr un tratamiento exitoso, es el apoyo familiar.

Las personas más cercanas al paciente pueden involucrarse de diversas maneras, desde estar presente durante las consultas a participar activamente del cuidado diario del paciente.

El diagnóstico de la diabetes puede significar un shock, en el que muchos pacientes experimentan cambios en su estado anímico y para la familia puede ser difícil de afrontar. Es frecuente que no tengan tiempo de elaborar la situación y se sientan confundidos o desconcertados. Para sobrellevar este primer acercamiento a la enfermedad es necesario que todos expresen sus sentimientos, hablen sobre este “nuevo integrante de la familia” y se propongan métodos para ayudar a quien la padece.

La clave primordial para la programación de estos métodos es encontrar un punto medio entre no atosigar al pariente con diabetes con cuidados excesivos y seguir con la rutina y hábitos a los que en el hogar estaban acostumbrados, negando el problema.

No es adecuado que, mientras al paciente se le recomiende ejercitarse y modificar su dieta, el resto de la familia siga frente a él cayendo en el sedentarismo y excesos dietéticos. Esto haría un quiebre en la relación, alejando al pariente de las actividades del grupo, originando estrés y tristeza, que pueden terminar en un estado depresivo que lo distancie de sus cuidados.

La familia núcleo (los que viven con el paciente) debe estar dispuesta a cambiar sus rutinas para facilitar el buen control de la enfermedad. Llevará tiempo y al principio puede parecer un sacrificio, pero con el tiempo todos los miembros saldrán beneficiados, ya que en líneas generales lo que se le recomienda a la persona con diabetes es llevar una vida sana y una alimentación balanceada y saludable de la que todos pueden beneficiarse.

También es importante que todos estén informados sobre esta enfermedad, ya que cuanto más se sepa, más podrán ayudar. De esta manera, el núcleo familiar será más comprensivo, podrá darle apoyo emocional y motivarlo a hablar del tema, de sus temores e interrogantes, entendiendo la problemática y buscando soluciones juntos.

Estos cambios no sólo son favorables para el paciente, sino que, teniendo en cuenta que al existir una persona diabética en la familia, todos los integrantes corren riesgos de padecer la enfermedad, por lo que deben tomar real conciencia de estos cuidados. Incluyendo no sólo a los hábitos alimenticios y la actividad física, sino reflexionando sobre prácticas nocivas como el tabaquismo. Programar una rutina de ejercicio en conjunto puede ser una actividad que ayude a su salud y refuerce la unión en el hogar.

Aprender a vivir con diabetes lleva tiempo. Existirán días buenos y días malos. Pero si el paciente tiene la oportunidad de compartir con la familia su nuevo estilo de vida, se sentirá acompañado, reducirá el temor a la enfermedad, reforzará su autoestima, favorecerá la adecuación al tratamiento y evitará la aparición de complicaciones que a largo plazo podrían afectar la salud tanto física como mental de todos los integrantes de la familia.

Es un hecho. La diabetes se controla mucho mejor cuando la familia se da la oportunidad de reflexionar sobre la importancia de hacer cambios para conservar la salud de todos sus integrantes, sean diabéticos o no.

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